“Pienso mecánicamente en mi próximo movimiento, el movimiento para dar jaque mate al destino, el movimiento para ser feliz. Miro el cielo de vez en cuando y mis dedos se demoran en los pliegues seculares de aquel árbol, que es fuerte, que es firme, que es feliz en el corazón de ese parque. Es un árbol y hace de árbol: hunde sus raíces en el agua del río de al lado y crece. Sigue su naturaleza. Ese es el secreto de la felicidad: ser solo uno mismo. Hacer aquello para lo que valemos.”

Entre mensajes de móvil, deberes, pósters, canciones, partidos, motos, miradas y sonrisas se encuentra Leo, un joven inmerso en el torbellino de la adolescencia. Una etapa de profesores insoportables, padres que no entienden nada, apuestas con compañeros de instituto, victorias memorables y derrotas imposibles, amigos inseparables y amigas como hermanas, cartas por leer, mensajes por enviar y amores que no se olvidarán jamás. Un universo en clave en el que irrumpe un nuevo profesor, un verdadero soñador, que pone a prueba a sus alumnos y los obliga a plantearse preguntas acerca de la vida y de sus propios sueños.
Siempre me he preguntado por qué el amor y la sangre son del mismo color. Ahora ya lo sé.
SIN SPOILERS
·La Trama·
Leo tiene dieciséis años y odia el blanco. El blanco no es nada. El blanco es silencio, el blanco no tiene límites, ni si quiera es realmente un color. El blanco es ausencia, es soledad, es pérdida. Incluso alguna sangre es blanca… blanca como la nieve. En cambio a Leo le apasiona el rojo; que es ardiente, que sabe a pasión, que engloba la vida, que huele a fuego, en el que se refugia el amor y lo más importante es que es exactamente igual que el pelo de Beatrice y es que Beatrice es roja; roja como la sangre.
Beatrice.
Ojos verdes que cuando los abre abarcan toda su cara. Pelo rojo que cuando se lo suelta el alba te cae encima. Pocas palabras, pero las justas. Si fuese cine: género aún por inventar. Si fuese perfume: la arena a primera hora de la mañana, cuando la playa está sola con el mar. ¿Color? Beatrice es rojo. Como el amor es rojo. Tempestad. Huracán que arrastra. Terremoto que te deja el cuerpo hecho trizas. Así me siento cada vez que la veo.
Para Leo todo tiene un color. La vida misma esta hecha de colores. Silvia, su mejor amiga, es azul. Los días aburridos, interminables, en los que pides al reloj que avance y él caprichoso no hace más que alargar las horas… esos días son blancos. En cambio ella, Beatrice, es roja. Aunque Leo todavía no pude siquiera sospechar que en Beatrice hay algo de blanco.
Piques con su mejor amigo Niko.
Uno de mis piques preferidos es el de los frenazos. Vas pitando en tu scooter y frenas solo al final; el que se acerca más al coche que está delante sin estrellarse gana el pique. […]
-¿Cómo lo haces? El miedo me atenaza las manos y tengo que frenar: es superior a mis fuerzas.
-El miedo es blanco. La valentía es roja. Cuando veas el blanco, tienes que concentrarte en el rojo y contar hasta uno…
El bote salvavidas que siempre le tiende Silvia.
Cuando salgo del portal, Silvia está ahí esperándome, apoyada contra una farola como si quisiera convertirse en uno de sus elementos. Me mira fijamente a los ojos, que apenas la distinguen, porque flotan en lágrimas. Me coge la mano y, fragilísimos como hojas, caminamos en silencio durante todas las horas que restan de aquel día, las manos entrelazadas, amparado cada uno no en su propia fuerza, sino en la que quería transmitir al otro.
El soñador. Ese nuevo profesor que le hará replanteárselo todo.
-¿Cómo encuentra uno su sueño? Pero no vaya a tomarme el pelo, profe
-Búscalo
-¿Y cómo?
-Haz las preguntas oportunas
El mejor invento del siglo XXI: El T9 y sus MNM (mensajes nunca mandados)
Si tengo que escribir “perdón”, la palabra que sale es “miedo”. Es una coincidencia singular, porque cada vez que tengo que pedir perdón por lo que sea siempre me muero de miedo.
Y ¿Como no? Beatrice.
Leo todavía no la conoce. Sueña con ella. La observa en silencio. Piensa en ella. Le manda mensajes que ella nunca contesta. Hasta que un día no la vuelve a ver por el insti y es que Beatrice está enferma. Beatrice tiene leucemia. Leo tiene que hacer lo que sea para conocerla y estar junto a ella, porque está seguro de que Beatrice es su felicidad.
Su rostro apoyado en mi cuello es la pieza que falta en el rompecabezas inconexo de mi vida, la llave de todo, el centro de la circunferencia. Sus piernas siguen mis pasos, que inventan la coreografía para el primer baile de un hombre y una mujer. Es como si el corazón me latiera por doquier, desde el dedo gordo del pie hasta la punta del pelo, y la fuerza que encuentro en mi interior bastaría para crear el mundo entero en esta habitación.
·Opinión personal·
En Blanca como la nieve roja como la sangre, asistimos como espectadores curiosos a la vida de Leo. Sin tapujos. Sin medias tintas. Su vida y punto. Un año en el que Leo nos va contando en primera persona y en presente como si de un diario de pensamientos se tratase, todo lo que en su vida va aconteciendo, sus pensamientos más profundos, otros que no lo son tanto. Observamos como va madurando a cada página para después volver a ser aquel niño inseguro que quiere refugiarse en los brazos de su madre y no volver a salir nunca más.
Su vida da vueltas como una noria entorno a todo lo que le rodea y sobretodo a ella, a esa chica que ilustra la portada y le da titulo al libro: a Beatrice.
La narración me ha gustado especialmente, bien llevada, sin hacerse en ningún momento pesada, con capítulos cortos (como mucho unas 4 páginas) que dividen pensamientos y nos hacen conocer más a ese Leo que en ocasiones ruge y en otras se lame las heridas.
Me atrevería a decir que hace mucho tiempo que no marco tantas páginas con papelitos, miedosa de que se pierdan párrafos en algún lugar entre el hoy y el mañana y creo que os habéis dado cuenta de que en esta reseña he puesto más citas que nunca y eso debe ser por algo. ¿No creéis?
Aunque no todo es de color rosa, en este caso rojo, y es que Leo a veces parece que tiene 10 años y en otras piensa más bien como un hombre de 50 años, aunque es cierto eso de que los golpes que nos van dando la vida nos van haciendo madurar.También me hubiera gustado conocer más a los demás personajes que solo conocemos por encima. Al principio el libro se me hizo algo sencillo, plano y veía a Leo como un chico que se ha encaprichado con una chica bonita mayor que él, pero después lo he ido viendo distinto.
En una ocasión debatiendo con una persona sobre el sabor que dejan los libros, llegamos a la conclusión de que el libro puede ser como sea pero si al final te hace querer saber más de él, te ves leyéndote toda la biografía del autor, los agradecimientos los devoras de pe a pa y vuelves a leer la sinopsis como si intentaras retener la historia para que jamás acabe, es que ese libro te ha cautivado y sabe a algo especial.
Sin duda blanca como la nieve roja como la sangre sabe a algo especial.
·Mi puntuación·
Este cerdito que ilustra el 4,5 brinda por los Piratas, por los ojos azules de Silvia, por el pelo alborotado que tanto define a ese león, a ese Dante que es Leo, por ese pelo rojo lleno de vida de Beatrice, por esas frases que nadie sabe de donde saca El Soñador, por ese perro salchicha llamado Terminator, por el padre de Leo conocedor de la galaxia, de todas sus estrellas y todas sus historias. El cerdito del 4,5 brinda por Blanca como la nieve roja como la sangre y es que ese trago le ha sabido a “algo especial”
¿Lo habéis leído? ¿Pensáis hacerlo (id aquí pues)? ¿Lo veis blanco, o rojo?
¡Os leemos!














can la forma de infringir las estrictas normas de la Academia Medianoche para poder continuar con su intensa y complicada historia de amor.







