No, la portada no es que me resulte especialmente bonita (Mauro no me va), pero es la adecuada y sigue la tónica de la saga Heraldos. Espero que la tercera y última (sí, la de mi Erik ♥ ♥ oh mi Erik ♥ ) sea tan, o incluso más “herlado” que sus anteriores. ¿Empezamos? (Sin spoilers, como siempre)
La profecía del Metatrón, el ángel supremo, está próxima a cumplirse: provocando el fin de la humanidad, tendrá almas suficientes para vencer en su batalla final contra las fuerzas oscuras. Tanya, Mauro y Erik, los tres elegidos, serán el último destello de esperanza para evitar el desastre que se cierne a la vez sobre la Tierra y el Más Allá. Pero la cuenta atrás ha comenzado, y los furiosos ejércitos del Abismo están a punto de atravesar las puertas del Cielo...
Pues sí, empezamos. Justo allí donde lo dejamos con Heraldos de la Luz: tres chicos con un futuro que cambiar.
Con el primero que nos encontramos es con Erik, el chico que pasó de doble de escenas de acción a rodarlas él mismo en la vida real. Creo que este es el personaje que más le gusta al autor y si no es así, lo parece. Los tres chicos son totalmente distintos y cada uno aporta algo especial (como en el anterior libro, si lo habéis leído sabréis de qué hablo), pero cuando Erik aparece en escena, lo llena todo. Aunque a veces los diálogos me parecen más de viejos que no de jóvenes de veinte años, pues se me hace bastante extraño leer a Erik – o cualquier otro -, el típico chulito vividor, como a un joven demasiado adulto (hasta cuando tiene que insultar lo hace en plan viejo) cada personaje le da el toque preciso y necesario a la lectura. Las personalidades de los personajes sumadas a la habilidad que tiene el autor de narrar (os habréis dado cuenta con ese fragmento inédito) queda que ni hecho a propósito. El estilo de Víctor Conde es refinado, con buen gusto y muy detallado, y si esto os asusta, puedo deciros que sabe combinar perfectamente su manera dulce de narrar (bastante adornada) con fragmentos no tan rococó y que amenizan la lectura, “estilo coloquial” por decirlo de algún modo. Tengo muchos puntos entre las páginas de la novela, pues colocaría decenas de fragmentos del libro, de esos que con una frase te dejan sin aliento.
He aquí que Séfora encontró una montaña de carne roja y supo que eran espíritus torturados, y cayó girando locamente sobre un mar de colmillos y colas y garras y dejó que su espada hablase en la lengua de la venganza, del odio, de la destrucción sin límites, mientras ella chillaba los nombres de sus antepasados…
En este libro veremos como los tres chicos, juntos pero separados, tienen que presenciar la segunda parte de la profecía: Tres veces se luchará, una en la Tierra, otra en el Cielo y otra en el Infierno. Y del resultado de esas tres batallas dependerá el futuro de todo lo creado. Acompañaremos a Erik e Issac, un jóven salvado por el ángel y que dará muchísimo que hablar en esta historia; a Tanya en Sodoma, la ciudad bíblica y a Mauro en su búsqueda de “La fuente”. Habrá demonios, guerra, sangre y gloria.
Llegados a este punto he confesar que he tenido más de un tira y afloja con el libro, pues Víctor condensa información muy importante (o al menos a mí me lo parece) en una línea tan solo (he leído frases que resumían lo que deberían haber sido capítulos enteros, y encima pintaban muy interesantes) y en otras ocasiones hay capítulos que se hacen eternos, sobretodo los de Tanya y toda la historia que vive en la ciudad de Sodoma, seguro habrá gente a la que no le guste la mitología griega y los libros con bases de ella les aburren, pues en este caso encontramos mucha mitología judeo-cristiana “apañada” para la historia que quiere contar (por todo el tema de los ángeles, los demonios y la batalla entre mundos), y no me parece mal, incluso me ha gustado saber más sobre este tema, pero ha habido momentos en que me parecía demasiado y ya no recordaba que estaba leyendo la historia de los tres chicos.
Aún así, creo que el autor tiene su propósito. Es más, sin todas esas explicaciones el final hubiera sido un sin sentido. Y ahora llega el “¡¡¡Y QUÉ FINAL!!!”. Me ha encantado. Así como el del anterior libro me pareció demasiado precipitado y dejaba un regusto extraño, con este Víctor se ha superado.
Por no decir que el romance nos lo deja en cuenta gotas, intenso sí, pero en cuenta gotas. Hay que aclarar que no es una novela romántica, pero Víctor ha sabido colocar ahí una “pequeña historia” con la que distraernos por un segundo para luego… ¡zasca! (si lo leéis me entenderéis)…
He de destacar la maravillosa destreza del autor para hilarlo todo de la manera en la que lo ha hecho. Sabes que son piezas del rompecabezas, pero todo queda sólidamente encajado. Los últimos capítulos han sido espectaculares: se mezcla todo a la vez, distintas épocas, lugares y personajes. Los tres chicos están en sitios diferentes pero al mismo tiempo juntos, no sé cómo explicarlo para no dar detalles, pero os diré que queda perfecto. El pasado y el presente se mezclan haciendo del desenlace de Heraldos de la Oscuridad una auténtica delicia.

Esto último otorga el cuatro al segundo libro de la trilogía, saga juvenil fantástica muy recomendable publicada por Editorial Hidra. ¿Estáis preparados para la siguiente y última batalla?
Entramos en el infierno…
